La última tendencia en alojamientos: el glamping

Podíamos pensar que en cuestiones de alojamientos estaba todo inventado. De hecho, en las últimas décadas hemos visto como los tradicionales hoteles, más o menos lujosos, daban paso a otras formas de hospedaje.

Se han ofrecido desde habitaciones en cabinas de grúas a minicabañas en lagos con habitaciones sumergidas; desde cuevas reconvertidas en establecimientos casi de lujo a antiguos vagones de tren trasformados en encantadores espacios; desde cabinas prefabricadas colgadas de precipicios a habitaciones de hotel que son exactamente iguales a la jaula de nuestro hámster para sentirse como él.

Pero no, no estaba todo inventado. La imaginación humana parece no tener límites y en los últimos tiempos se ha acuñado un término que empieza a hacerse familiar: el glamping. ¿Y qué es? La palabra deriva de glamour y camping. Dos términos que aparentemente nada tienen que ver, pero que en este caso se mezclan para dar vida a una nueva forma de alojarse.

Vamos a verlo con algunos ejemplos. Evidentemente, una tienda de campaña tiene bastante poco de glamour. Pero, si es en realidad una jaima que parece sacada del cuento de Las mil y una noches, con una decoración exquisita, una cómoda cama y mobiliario digno de un jeque; y si está además está situada en un entorno idílico, la cosa cambia, y mucho. Nada de incómodos sacos de dormir, ni de comer sentado en el suelo. Es acampar, sí, pero con estilo.

Otro ejemplo muy de moda: las viejas cabañas campestres trasformadas en pequeñas y lujosas estancias en las copas de árboles. Con todas las comodidades, por supuesto, y con unas vistas magníficas. Algunas incluso pueden disponer de lujosos baños y comodísimos sillones para no querer moverse por nada del mundo.

Desde luego, el turismo campestre ya no es lo que era. Cierto es que el glamping proporciona muchas más comodidades, pero también lo es que se pierde algo de la aventura que supone la acampada tal y como se ha hecho toda la vida.